Todos los años, me gusta hacer un recorrido de bikepacking, un fin de semana antes de que acabe el verano. Para huir y recuperarse psicológicamente de lo cotidiano. Da igual gravel o bicicleta de carretera. En este caso, con la de carretera completé un recorrido de 3 días.
Recorrido: Desde Bizkaia hasta Cantabria. Allí ascender grandes y conocidos puertos y descender desde Castilla y León hasta La Rioja. Finalmente entrando en Navarra y llegando a Bizkaia desde Álava. 3 días/520 km/8500m+
El primer día, un viernes, salimos camino de Cantabria. Recorrimos unos 125 kms. En torno a las 17:00 de la tarde 3 personas cogíamos las bicicletas y solo llevábamos encima el material y la comida imprescindibles. Bueno sí, también unas ganas enormes de pasarlo bien y el objetivo de montar en bicicleta sin horarios. Atravesamos el valle de Carranza y entramos en Cantabria. En ese momento hacía calor, salíamos del pueblo con 35º y la temperatura disminuía a medida que pasaban los km. El objetivo era llegar a Liérganes para cenar allí y después desviarnos a la izquierda camino a Caracol y quedarse a dormir antes de empezar a subir el puerto de Lunada. Nos alojamos en una casa llamada «Posada la vieja escuela».
Antes de llegar a Lierganes hicimos una parada en Ramales de la Victoria para rellenar los bidones de agua y revisar los horarios, para ver si íbamos según lo previsto. Avanzamos y pasado Arredondo nos pusimos a subir el puerto de Alisas. La niebla había entrado y no se veía mucho, pero la temperatura era buena. Arriba de Alisas, encendimos las luces y nos pusimos el chaleco reflectante. De camino a Liérganes empezamos a bajar y tengo que decir que me encantó, no sé si gracias a la magia que producen la noche y las luces o a las ganas que tenía de hacer este viajecito, pero hace tiempo que no disfrutaba tanto haciendo un descenso en la carretera. Cenamos en el restaurante «Casa Luisa» de Liérganes. Nos presentaron un menú muy interesante, pero teníamos claro lo que queríamos cenar, pedimos «tres entrecot por favor». Quiero subrayar que también tenían un amplio abanico de cervezas sin gluten. Yo pedí una sin alcohol, pero no tenían stock. Hay que tener en cuenta que a la salida de Lierganes se encuentra la fábrica de cerveza artesanal DouGall’ss. Saciado, a las 22:30, salimos en dirección a La Concha, un camino muy trepidante, y menos mal que no se veía mucho, lo que hizo que las fuertes pendientes fueran menos duras (al menos para mí).



El segundo día, tuvimos que despertarnos y empezar subiendo el puerto de Caracol para empezar. En dicho puerto y también subiendo La Braguia siguió la niebla. Antes, en la localidad de Selaya, desayunamos abundante para empezar el día con fuerza.




En el tercer puerto del día, Estacas de Trueba también estaba bajo niebla, pero en los últimos 3-4 km pudimos superar la niebla, ver el cielo azul y disfrutar de las bellas vistas de este precioso puerto. Decidimos subir un poco tranquilos en el puerto porque teníamos un día largo por delante. Bajamos Estacas de Trueba y nos quedamos en el bar de Las Machorras, bastante popular para ciclistas y moteros, a beber y comer algo. Entonces ya advertimos que de estos lugares también se concentran muchos moteros. Ya nos faltaba el último puerto duro de Cantabria, el Portillo de La Sia y al coronarlo desviandote hacia la derecha llegabas a Picĺon Blanco. Arriba, una gran vista nos abrumaba. Al pasar entre los molinos eólicos y llegar a ellos, los edificios que yo esperaba ya no existían, al parecer por un proyecto de mejora ambiental.



Comenzamos a descender el puerto Picón Blanco (por el lado duro) y atravesamos Espinosa de los Monteros camino de Puentedey. Eran fiestas patronales en el pueblo de Espinosa, había un gran ambiente. En la cuneta la gente nos saludaba y animaba. La mayoría de las veces suelo estar caminando o al lado de la carretera y cuando veo a alguien haciendo bikepacking me da una envidia tremenda (buena), pero en esta ocasión era yo quien iba encima de la bicicleta, ¡lo que estaba disfrutando estos días!
Un poco más adelante encontramos un asador a lado de la ruta, donde nos quedamos un momento para comer y también para protegernos del calor. Almorzamos a gusto y llenamos los bidones de agua fría y volvimos a sacar la crema solar rumbo al Puentedey. Allí, obligatoriamente había que sacar una foto y estábamos de nuevo en marcha. Pasábamos Villarcayo y nuestra siguiente parada era Hoz de Valdivieso. No teníamos claro si seguir por carretera o pasar por el tramo de Gravel que teníamos previsto. Al final nos atrevimos y entramos en un pequeño recorrido de gravel, pero primero tendríamos que pasar por el pueblecito de Tartalés de los Montes y ver la catarata del lugar, pero sin darnos cuenta avanzamos y no lo vimos. Qué bonita carretera, eso sí, con pendientes superiores al 20%, pero mereció la pena. El tramo de Gravel tenía unos 7 km aproximadamente, con 3,5km de subida y 3,5km de bajada casi hasta la localidad de Traspaderne.




A partir de aquí, nuestro objetivo era llegar a Labastida, pero nos retrasamos un poco el los tramos del gravel y decidimos quedarnos en el pueblo de Briñas. Hasta el pueblo de Briñas teníamos un camino bastante agradable por recorrer y como el viento nos acompañó y lo tuvimos a favor, con una velocidad de 40-50 km/h en 2 horas adelantamos mucho. Mientras tanto, en algunos momentos volvimaos a parar para llenar el agua y meter la cabeza debajo de la fuente, con el objetivo de refrescar la temperatura del cuerpo.
Llegamos a Briñas un poco antes de lo previsto. Hicimos check-in en el hotel y cenamos allí mismo. Había posibilidad de comer pizzas y hamburguesas, pero ya saben que siendo celíaco… excelente lomo y dos huevos, también le añadí un trozo de tortilla de patata, porque llegamos con mucha hambre. Hicimos 220 km y 5000m+ este día.



El tercer y último día salimos desde Briñas hacia casa. Al igual que la mañana anterior, sobre las 07:30 ya estábamos en marcha. Rodamos un rato hasta llegar a Laguardia y allí paramos a desayunar en una cafetería. Después de reponer fuerzas continuamos hacia San Román de Campezo donde volvimos a parar a comer una tortilla, ya que el desayuno fué demasiado dulce y el cuerpo nos pedía algo salado. Allí nos cruzamos con un par de parejas que también viajaban en bici, cada uno a su manera, unos en tandem y otros en bici de montaña. Continuamos hacia el puerto de Opakua, el último gran obstáculo hacia casa. Hasta llegar a Landa, paramos un par de veces para hidratarnos y refrescarnos en las fuentes, debido a las altas temperaturas.
No dudamos, al llegar a Landa, en darnos un chapuzón antes de comer, tirarnos un rato en la orilla y disfrutar ya que apenas nos quedaban 80 kms para terminar la ruta.
En el restaurante de Landa, un lugar muy frecuentado de moteros y ciclistas hay abundantes opciones para comer: pollo, platos combinados,etc. Por lo que para un celíaco las opciones son variadas.
Ya solo nos quedaba acercarnos al puerto de Dima, disfrutar del descenso y subir el último y más conocido puerto de Sarasola, antes de llegar a casa. Estos últimos kilometros siempre son de disfrute, pero también de un momentop donde se juntas sensaciones distintas; querer llegar y descansar con la pena de que el viaje se termina.
El viaje se termina, pero es una simple pausa, volveré a coger las bolsas de bikepacking con la bici e inventaremos otra ruta donde descubrir lugares y personas. Ya sea con amigos o solo, un fin de semana cualquiera (cuando la logisitica familiar lo haga viable) o en una prueba organizada.

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